Estimado colega:

Te escribo esta carta porque, de cara a la segunda vuelta presidencial, quisiera compartir contigo algunas reflexiones que espero puedan servirte para considerar la posibilidad de otorgar tu voto a Iván Cepeda.

Quiero comenzar por lo evidente. Creo que cualquier discusión honesta sobre el futuro de la salud en Colombia debe partir del reconocimiento de que hubo aspectos del actual gobierno que salieron mal. Muchos profesionales de la salud vivimos de primera mano una reforma que generó amplias preocupaciones dentro de la comunidad médica, decisiones que en numerosas ocasiones parecieron desconocer la voz del talento humano en salud, crisis recurrentes en el acceso a medicamentos y dificultades en la prestación de servicios a lo largo y ancho del país.

Negar esas experiencias sería un error. Yo mismo las viví, las critiqué y expresé mi desacuerdo cuando consideré que era necesario hacerlo. Precisamente por eso considero que la discusión electoral debe comenzar reconociendo esos problemas y no ignorándolos. La autocrítica es indispensable para construir alternativas creíbles.

Sin embargo, también creo que debemos evitar una conclusión que puede resultar injusta: asumir que un candidato es exactamente igual a un gobierno anterior o que necesariamente repetirá todos sus errores. En medicina sabemos que una mala experiencia con un profesional no permite concluir que todos los médicos sean malos. Del mismo modo, una valoración crítica de un gobierno no debería impedirnos analizar con rigor las propuestas concretas de quien aspira a sucederlo. De lo contrario, corremos el riesgo de caer en una generalización que empobrece el debate y nos aleja de una evaluación objetiva de las alternativas.

Además, incluso en medio de las dificultades recientes, se impulsaron iniciativas orientadas al fortalecimiento de la atención primaria, la expansión de los equipos básicos de salud y una mayor presencia institucional en territorios históricamente desatendidos. Más allá de las diferencias que podamos tener sobre su implementación, estas experiencias muestran la importancia de construir un sistema que llegue antes de que la enfermedad se convierta en una urgencia y no después.

Uno de los aspectos que considero más valiosos de la propuesta de Iván Cepeda es el reconocimiento explícito de que la crisis actual del sistema requiere un ejercicio serio de esclarecimiento y rendición de cuentas. La propuesta de una comisión que permita identificar causas, responsabilidades y posibles soluciones parte de una premisa fundamental: los problemas de la salud colombiana no pueden resolverse ocultándolos ni trasladando culpas, sino comprendiéndolos para corregirlos.

Igualmente importante es su reconocimiento de la deuda histórica que existe con el talento humano en salud. Durante décadas, médicos, enfermeros, psicólogos, terapeutas y demás profesionales hemos trabajado bajo condiciones frecuentemente precarias, con sobrecarga laboral, inestabilidad contractual y desgaste creciente. La dignificación laboral no es solamente una reivindicación gremial; es una condición necesaria para garantizar una mejor atención a nuestros pacientes.

También considero relevante su apuesta por un modelo preventivo que fortalezca la atención primaria, priorice las regiones más vulnerables e intervenga sobre los determinantes sociales de la salud. Cuando se previene mejor, disminuye la presión sobre hospitales y servicios de urgencias, se reducen los desenlaces evitables y se protege tanto a los pacientes como a quienes trabajamos diariamente en el sistema. La mejor forma de aliviar la crisis asistencial no es únicamente aumentar la capacidad hospitalaria, sino evitar que las personas lleguen a requerirla.

Por otra parte, me preocupa profundamente una de las propuestas planteadas por Abelardo de la Espriella: la eliminación o absorción del Ministerio de Salud dentro de una estructura administrativa más amplia, subordinándolo a un denominado “Ministerio de Capital Humano”. Más allá de las diferencias ideológicas que podamos tener, considero que esta propuesta representa un riesgo para una de las instituciones técnicas más importantes del Estado colombiano.

Durante décadas, el Ministerio de Salud ha sido el principal ente rector de las políticas sanitarias del país y ha contribuido a consolidar importantes avances en salud pública, vigilancia epidemiológica, vacunación, regulación sanitaria y organización del sistema de salud. Reducir su autonomía o diluir sus funciones dentro de una superestructura administrativa podría debilitar la capacidad técnica del Estado para responder a los desafíos sanitarios presentes y futuros.

Además, una medida de esta naturaleza no solo pondría en riesgo la estabilidad laboral de numerosos profesionales vinculados al sector, sino que también podría afectar la coordinación institucional necesaria para garantizar una atención oportuna y de calidad a millones de colombianos. En un país con profundas desigualdades territoriales y enormes retos sanitarios, fortalecer la autoridad sanitaria nacional parece mucho más sensato que debilitarla.

Los sistemas de salud complejos requieren más capacidad técnica, más coordinación y más rectoría estatal; no menos. Debilitar la institución encargada de liderar esas funciones supone un riesgo que terminarían pagando tanto los trabajadores de la salud como nuestros pacientes.

Finalmente, creo que esta elección exige mirar más allá de nuestras simpatías o antipatías coyunturales. Como médicos, compartimos un compromiso fundamental: proteger la vida, defender la salud de nuestros pacientes y trabajar por condiciones laborales dignas para quienes ejercemos esta profesión.

También debemos reconocer que muchas de las propuestas asociadas a modelos de flexibilización laboral terminan traduciéndose, en la práctica, en una mayor precarización de las condiciones de trabajo. Y sabemos por experiencia que cuando se deterioran las condiciones de quienes prestan la atención, también se deteriora la calidad de la atención que reciben los pacientes.

Por eso te invito a reflexionar sobre estas cuestiones antes de tomar tu decisión. No te pido un voto basado en lealtades políticas ni en afinidades personales, sino una valoración crítica de qué proyecto ofrece mayores garantías para fortalecer el sistema de salud, dignificar a sus trabajadores y proteger a quienes más dependen de él.

Todos queremos una salud mejor. Todos queremos que los errores recientes no se repitan. Todos queremos ejercer nuestra profesión con dignidad y brindar una atención de calidad. En eso no hay diferencias. La pregunta es qué camino ofrece mejores posibilidades para lograrlo.

Con respeto por tu criterio y tu autonomía profesional, espero que consideres estas razones y que, si las encuentras convincentes, acompañes con tu voto la propuesta de Iván Cepeda.

Te la juegas por la salud de los colombianos. Te la juegas por la dignidad del talento humano en salud. Te la juegas por fortalecer las instituciones que sostienen nuestro sistema sanitario. En últimas, te la juegas por la vida.

Atentamente

Un médico por la vida

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