Camilo Torres Restrepo volvió a la Universidad Nacional. Sus huesos que alguna vez fueron carne, vida y pensamiento, retornaron al territorio libre de la Nacho. En una intrigante coincidencia, Camilo, que quizá quisiera descansar en paz, llega a hacer frente a la amenaza de una rectoría conservadora y a avivar la constituyente universitaria.
En mis épocas de universidad se vivía intensamente una rivalidad de representación en las izquierdas revolucionarias. Una disputa por quiénes eran nuestros mejores referentes, en medio de un boom latinoamericanista —abya yala— que los buscaba en la historia propia. Un contexto, atravesado por las mañas sectarias, que propiciaron una rivalidad singular entre Simón Bolívar y Camilo Torres y, por ahí, entre bolivarianos y camilistas.
"Camilo es la figura franciscana de quien abandonó sus privilegios para servir al pueblo; de quien nunca quiso la guerra, pero no encontró otra forma."
Aunque el proyecto bolivariano en ese momento tenía el respaldo del querido Hugo Chávez atravesando su prime, y era un fuerte símbolo de la integración de los movimientos sociales del continente, siempre me sentí más cercano al ideario camilista.
Compartían cosas. Ambos fueron hijos de la élite criolla, ambos se hicieron rebeldes, ambos entregaron su vida y sus cuerpos a la causa. Pero mientras la figura de Bolívar se asemeja más a la de un militar y emperador, de banquete y palacio, la de Camilo es la de quien se inmoló, no sin antes dejarle una carta de despedida a todo el mundo: cristianos, mujeres, sindicalistas y campesinos. Poesía pura.
El Evangelio de la Horizontalidad
Los referentes y los idearios eran importantes entonces porque moldean la forma de los colectivos estudiantiles. El evangelio de Camilo predicaba formas políticas horizontales, menos dogmatismo en las lecturas de la realidad y un moralismo religioso de que hacer la revolución es, en esencia, un acto de bondad.
El fantasma de Camilo me persiguió en mi primer trabajo, con una organización de derechos humanos vinculada a la iglesia. Fue la peor remuneración que recibí, pero allí se alzaba una ética de la pobreza: la constatación de que todo lujo será indigno mientras otros tengan necesidad.
Allí conocí al movimiento eclesial de base, a los profetas de la teología de la liberación. A hermanas que repartieron periódicos con Camilo y lo recuerdan orgullosas. Una corriente que se hizo espacio con el Jesús que les armó tropel a los banqueros, el de la justicia en la tierra.
"Vuelven sus restos para desempolvar un pensamiento: no el de la fe en Dios, sino el de la fe en la humanidad, en lo colectivo, en nosotres."
Camilo siempre perdió con Bolívar en reconocimiento. Camilo vive, pero languidece en plazas públicas mientras Bolívar es omnipresente. El único busto que le conozco, en Barranca, le llaman el “descabezado” porque los paramilitares se la quitaron en una toma sangrienta.
Por ello, en buena hora “volvió Camilo”. Vuelve el cuerpo del profe al lado del estudiantado, en ese mismo campus que me lo presentó hace dos décadas. Un lindo día para ser camilista.
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